Estudios recientes sugieren que una proporción significativa de la población adulta podría tener alguna neurodivergencia no diagnosticada, lo que destaca la importancia de la autoexploración y el autoconocimiento. Este tipo de información puede resonar con muchas personas que quizás nunca se han sentido comprendidas o reconocidas.
Y es en el momento de enfrentarse a la crianza de sus propias hijas o a la enseñanza a alumnado neurodivergente cuando aparece delante de sus ojos el reflejo de sus propios desafíos. Se abren entonces dos posibles caminos:
-Tirar adelante con los recursos aprendidos sin alumbrar sus propias heridas, y repetir patrones concebidos desde lo neurotípico, perpetuando las heridas y la característica ansiedad que genera el contrariar lo genuino de cada ser.
-Iniciar un camino de autoconocimiento para entenderse y reconocerse y, desde ahí, poder acompañar con conciencia respetando las necesidades de sus hijas y/o alumnado neurodivergente.
Si estás dispuesto/a a embarcarte en el segundo camino, me encantaría acompañarte. Contacta aquí
Deja una respuesta